Lima es una urbe tan clasista y racista que ni la fabulosa comida de mercadillos o platillos al paso logra atraer a los energúmenos de clase media. No digamos ya nada de la fashion people. Para los clasistas más puros, comer en un mercadillo es lo mismo que almorzar un huevo frito pasado de días encima de una mierda de perro cojo. Pues, que se jodan, porque se pierden lo mejor de Lima.
Los mercadillos de Lima, concentran lo mejor del Perú culinario. Todas las regiones aparecen representadas, y de muy buena guisa.
Jesús María siempre ha sido un enjambre de tiendecillas de todo tipo, donde las señoras, señoritas y señoronas acudían, y lo siguen haciendo, para vaciar sus bolsillos en prendas bamba y fabulosos zapatos de cuero. Y JM también tiene un mercadillo, plaza de abastos que más parece un casal de comidas que un casino de agricultores.
Hace unos meses, y gracias al fantástico Gastón Acurio, que tuvo la bendita idea de repartir las ostias, consagradas claro, en JM, el mercadillo es un hervidero de cebiches y platos marinos cásicos. Entre el maremagnum de ofertas, quien suscribe se queda, com diferencia, con la tía Andreita, que además, expone una gran foto acompañada por el mentor Acurio.
Con Andreita, usted sólo podrá consumir cebiche, de pescado o mixto, arroz chaufa de mariscos, el clásico arroz de marisco y jaleita de mariscos. Suficiente para saciar al comensal más escéptico. Los precios son de risa y mofa..cebiches de 8, 10 y 12 soles. Y si tiene suerte, ésta se gana siendo asiduo al sitio, Andreita le preparará el cebiche bien servidito, donde por 12 solcitos casi comen 3 personas. Yo soy afortunado, en amores y cebiches, así que no me quejo.
Además del mercadillo, en las calles aledañas encontrará todo tipo de bares, resturantes, dulcerías, pastelerías y otros inclasificables que llenarán su ego su estómago y no vaciarán su bolsillo. Disfrútelo!

Gastón Acurio es un tipo correoso y pegajoso hasta límites insospechados. Lo tenemos hasta en la sopa. Sale en todos lados, y se autoproclama el líder de la revolución, no libia, sino culinaria del Perú.
Es presentador de programas de TV, fabuloso actor de comerciales de todo tipo, carátula de semanarios, embajador ad honorem en eventos internacionales y mucho más. Si usted viene al Perú y le da una patada a un canto rodao, Gastón Acurio estará debajo vendiendo un monopoly gastronómico..
Con todo esto, ¿a quien no le corroe la curiosidad de acercarse al afamado restaurante La Mar, propiedad del ímpio mentado?. Armados de muy buenas intenciones, hace un par de días, decidí afrontar el reto y presentarme sin más en La Mar. Comenzamos bien, porque sin tener reserva, el tiempo de espera para conseguir una mesa para dos apenas superó los 3 minutos. Bueno, también hay que decir que era miércoles…
Chifles, camote y papa frita con ricas salsas aligeran la espera al comensal.
El ambiente de La Mar es muy fresco y festivo, informal, pero formal en sus detalles. Al traspasar el pórtico del templo, uno ya sabe que va a experimentar algo muy bueno. ¿Y la comida?. Bueno, vamos a ver, comenzamos con una degustación de ceviches, nikkei, clásico, norteño, de rocoto verde y de rocoto rojo. Material de primera para una presentación un tanto desaliñada, pero aceptable. ¿De gustos?. Excelente. Tal vez, las cremas de rocotos no sean técnicamente ceviches, pero aportan un grado denso y pesado a la ligereza del resto de artículos. Personalmente, soy fanático de los ceviches de pescado azul, así que el ceviche niokkei me convenció plenamente, ya que es a base de atún. Precio?. 49 soles. Algo exagerado, teniendo en cuenta que era una degustación y que un ceviche clásico cuesta en la misma carta 29 soles.
Continuamos con una parrilla de pulpo y calamares. Bien ejecutada, pero que no aporta diferencia alguna con otras parrilladas de mariscos de bares aledaños. Se echa de menos alguna salsita parrillera y lo peor es que algunos tentáculos del pulpo estaban más duros que los zapatos de Cristo en el desierto. El precio, otros 49 soles.
Finalizamos con un arroz chaufa de marisco. Demoró un huevo de mico en llegar a la mesa y la cantidad servida era completamente desorbitada y no estaba a la par con los platillos previos. Rico, pero con demasiado aceite. Otros 49 cocos del ala… Pedimos un tapper y nos llevamos las sobras, dijimos que eran para el perro que se encontraba enfermo….
La experiencia fue muy buena en su conjunto, aunque es de cajón que ir a un restaurante donde el chef afamado no cocina, puede provocar mediocridad y la cocina no va a alcanzar un nivel supremo. Con este formato, Gastón ha hecho lo que mejor sabe hacer, que no es cocinar precisamente, sino marquetearse y hacer franquicias. Chapeau por él, pero no espere encontrar una comida suprema en una franquicia.
¿Es la Mar el mejor restaurante de Lima?. Claramente, NO, pero queda muy bien parado. La puntuación:
- Servicio: 8
- Atención al cliente: 8
- Limpieza: 9
- Comida: 8
- Carta de Vinos: –
- Servicio de Bar: 7
- Calidad / Precio: 6




